Una dieta sostenible podría ser la solución en tiempos de crisis ambiental

Aunque actualmente somos más conscientes sobre las implicaciones medioambientales y las cadenas de producción alimenticia, aún nos falta un largo camino por recorrer.

La cadena agroalimentaria, desde la producción hasta el consumo e incluso el compostaje y el retorno a la producción, afecta claramente al medioambiente. Pero también lo hace al equilibrio social, cultural y territorial e impacta tanto en nuestro entorno local como a nivel global.

Siguiendo esta tendencia, la investigación y la acción en gastronomía se sitúan cada vez más en un marco de respeto consciente al entorno, inversión en energías y materiales renovables y preocupación por todos aquellos elementos que rodean a los alimentos. Mucho más allá de la nutrición. Del origen al reciclaje y al reaprovechamiento de los recursos, de la productividad y el beneficio económico a la necesidad de retribuciones más justas en toda la cadena, así como a la equidad de género y a la conciliación familiar.

Gussow y Clancy (1986) sugirieron en su día el término “dieta sostenible” (sustainable diet)
para describir una dieta basada principalmente en alimentos escogidos no solo desde el punto de vista de la salud, también del de la sostenibilidad medioambiental. Su conclusión fue que los consumidores, en la medida de lo posible, debían comprar “alimentos
producidos localmente”.

Esto hace que sean menos costosos en términos de energía, al minimizarla tanto en la producción como el transporte. Al mismo tiempo, es una forma de apoyar la agricultura local-regional y una producción a más pequeña escala. De esta manera, el concepto de dietas sostenibles reconoce las interdependencias de la producción y el consumo de alimentos con los requerimientos y las recomendaciones nutricionales. A la par, reafirma la noción de que la salud humana no puede aislarse de la del entorno.

Cada vez más, desde un punto de vista medioambiental, se defienden aspectos como la producción y el consumo locales, reduciendo el uso de fertilizantes y limitando las variedades genéticamente modificadas.

Fuente: El Observador

Foto: Unsplash

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