Una alimentación a base de insectos puede salvar el planeta

Generar más proteínas sin impactar en el entorno, reducir el consumo de agua y el uso de antibióticos del sistema de producción de alimentos, son las ventajas de comer insectos.

Hoy en día más de 1,900 especies completan la dieta de 2,000 millones de personas. El consumo de insectos por parte de los seres humanos tiene nombre: entomofagia. Es muy común en numerosas regiones de América Latina, África y Asia, y la necesidad de encontrar un sistema de producción de alimentos más eficiente y sostenible ha hecho que otras zonas del mundo, como Europa o EE. UU., lo estudien con atención.

“Para poder alimentar el planeta de mañana, debemos aumentar masivamente la capacidad de producción de proteínas. La clave es producir más con menos, reduciendo al mismo tiempo nuestro impacto en el entorno”, explica Jordi Calbet Tarrago, consejero delegado de Iberinsect, una empresa española que busca producir proteínas de forma local, rentable y sostenible.

La producción de insectos se presenta como una solución para alimentar a una población en crecimiento y acabar con el hambre y la malnutrición a escala global. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los insectos son una importante fuente de proteínas, grasas y minerales. Son ricos en fibra y micronutrientes como cobre, hierro, magnesio, fósforo, manganeso, selenio y cinc, lo que los hace especialmente eficientes para tratar problemas de desnutrición.

Además de utilizarse directamente para el consumo humano, los insectos pueden convertirse en alimentos para los animales. De hecho, y de acuerdo con la FAO, esta será la opción más frecuente durante los próximos años.

A la hora de apostar por los insectos como parte fundamental de las dietas del mañana, el aspecto medioambiental juega un papel fundamental. Actualmente, los sistemas de producción de alimentos están generando un grave impacto sobre el planeta. Entre otros problemas, son responsables de un porcentaje considerable de las emisiones de gases de efecto invernadero y del deterioro y la contaminación de los suelos.

La producción de insectos garantiza un sistema más sostenible. “Se requiere de 100 veces menos superficie de tierras agrícolas que para producir la misma cantidad de proteína animal, consumen un 25% menos de agua y no es necesario el uso de antibióticos”, ejemplifica el responsable de Iberinsect.

Además, los insectos apenas necesitan alimento para crecer. De acuerdo con la FAO, por término medio pueden convertir dos kilogramos de alimento en un kilogramo de masa corporal. El ganado, por otro lado, requiere de ocho kilogramos para lograr el mismo resultado. Entra en juego, además, que los insectos pueden criarse aprovechando residuos biológicos y restos de alimentos.

En países como México, Colombia o Perú, por ejemplo, el consumo de insectos es más habitual y cuenta con siglos de historia. Sin embargo, todavía falta trabajar para crear marcos regulatorios que garanticen su idoneidad y permitan comercializarlos a mayor escala.

Fuente: BBVA

Foto: Unsplash

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