¿Son compatibles la ecología y la tecnología?

Mientras que algunos apoyan un futuro de alta tecnología en ecología, otros están dispuestos a renunciar a toda la tecnología moderna. El debate está encendido, pero en medio de él, apareció un concepto interesante: baja tecnología o Low-Tech.

Dentro del pensamiento ecológico, están, por un lado, quienes asumen claramente una posición de “alta tecnología”. Según ellos, la resolución de problemas ecológicos tiene que ver necesariamente con nuevas tecnologías. Están seguros: el futuro ecológico estará hecho de tecnologías avanzadas, que van desde la robótica hasta la inteligencia artificial a través de dispositivos conectados que envían constantemente información nueva.

Solo hay que mirar las noticias relacionadas con la ecología para darse cuenta de que el movimiento de alta tecnología está profundamente arraigado en la mente colectiva. El hiperloop de Elon Musk se considera la alternativa de transporte ecológico del futuro. Las turbinas de última generación ayudarán a producir energía para ciudades inteligentes y ultraconectadas. Los coches autónomos totalmente eléctricos circularán por carreteras (solares) sin conductores gracias a la inteligencia artificial. Y las plantas de torio de última generación generarán energía suficiente para impulsar esta maquinaria bien engrasada. O al menos eso creen los defensores de la alta tecnología.

Dependencia de la alta tecnología y la tecnología

Sí, la tecnología permitió avances en la medicina, una comprensión más profunda del cuerpo humano, mejoras en la vida en general o el descubrimiento de nuevas fuentes de energía, especialmente renovables. Entre tantas otras cosas positivas es gracias a la tecnología que hoy en día muchas personas tienen una existencia fácil y una mejor calidad de vida que nunca.

Sin embargo, los defensores de la tecnología baja culpan a la tecnología por dos cosas principales. Primero, por el hecho de que se ha establecido como un sistema cerrado, y luego por el hecho de que se ha vuelto tan complejo que ahora es muy difícil y casi imposible controlar sus externalidades.

El aspecto sistémico de la tecnología es particularmente simple de observar: hoy en día toda nuestra vida depende de la tecnología. Para moverse, informarse, trabajar, para actividades simples como cocinar, meditar o entretenerse, ahora dependemos de dispositivos y aplicaciones que se construyen a partir de tecnologías complejas. A veces, es suficiente observar los momentos difíciles que enfrentan las personas cuando hay un corte de energía o cuando los teléfonos celulares se quedan sin batería.

Pero hay más que solo beneficios. Parece que nuestro uso sistemático de herramientas tecnológicas nos hace perder nuestras habilidades más naturales. Los investigadores han demostrado que con la generalización del automóvil, perdimos nuestra capacidad natural de caminar correctamente o de correr con la postura correcta.

Otros estudios han demostrado que al depender de las tecnologías GPS, nuestro sentido de la orientación está disminuyendo. O que el uso masivo de los smartphones nos hizo perder la memoria y nos incomoda para conciliar el sueño por la noche.

Entonces, ¿el futuro será Low-Tech? Quién sabe. En cualquier caso, muchos comparten la idea de volver a lo básico. Sin duda, eventualmente tendremos que ralentizar nuestra producción, consumo y eliminación en masa de dispositivos tecnológicos. O al menos necesitaremos que un modelo de economía circular funcione de manera super eficiente para mantener o acelerar nuestra adicción a la tecnología actual. Una cosa es segura, un enfoque lineal tarde o temprano será insostenible, ya que los recursos son finitos y la contaminación pesa mucho.

Fuente: YouMatter

Foto: Unsplash

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