De qué se trata la alimentación circular

Nuestro sistema alimentario actual, no cumple con su propósito principal; pues la forma como producimos y consumimos nuestra comida no es sustentable.

De acuerdo con la Universidad de Oxford, alrededor del 20% de la huella de carbono global proviene de la producción de alimentos agropecuarios; 2.1 billones de personas sufren de obesidad o sobrepeso de acuerdo con Reuters, mientras que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) estima alrededor de 820 millones de personas sufriendo hambre o malnutrición.

Por tanto, la lucha contra el hambre, la malnutrición y el cambio climático son un desafío global. Imaginar un sistema alimentario global con impacto positivo en la naturaleza, que sea nutritivo y, equitativo para productores y consumidores a través de prácticas de agricultura sostenible, entre las cuales se encuentran los sistemas circulares agroalimentarios y la agricultura climáticamente inteligente.

Cuando hablamos de economía circular, pensamos exclusivamente en el reciclaje, en especial de empaques. Por lo tanto, debemos expandir este pensamiento y adaptarlo a las diferentes circunstancias y desafíos como los presentados anteriormente en agricultura.

Según el Banco Mundial, en México se desperdician cada año 20.4 millones de toneladas de alimentos, que, a su vez, generan 36 millones de toneladas de CO2, por lo tanto, si disminuimos la cantidad de desperdicios alimenticios por medio de la circularidad, seguramente contribuiríamos a una mayor seguridad alimentaria y a la nutrición. Esto debido a que se implementan técnicas de cosecha eficiente y por tanto disminuyen las pérdidas de cultivo y se elimina el desperdicio en el uso del agua, tierra y energía que se utilizaron para la producción, transporte, y distribución de los productos agrícolas, logrando así también un impacto positivo en nuestra huella hídrica y de carbono.

Por su parte, la agricultura climáticamente inteligente (CSA por sus siglas en inglés) es un enfoque que contribuye a solucionar los problemas actuales de la agricultura, pues permite identificar y plantear estrategias agrícolas acordes con las necesidades locales, nacionales e internacionales y pensar en los riesgos y oportunidades que tiene el cambio climático en este sector. Tres objetivos principales se persiguen con el CSA: un aumento sostenible de la productividad y los ingresos agrícolas, la adaptación y la creación de resiliencia ante el cambio climático y la absorción de gases de efecto invernadero.

Fuente: El Economista

Foto: Unsplash

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *